IZO
 

   
Cuando más le admirábamos, Takashi Miike nos da el mayor revés imaginable. Nunca sabremos si aposta o no, pero da la impresión que el japonés ha querido vacilarle a su ferviente afición occidental.

Imaginen más de dos horas de patadas. No, como en Kickboxer no, aquella todavía tenía un ligero argumento. Sólo puñetazos y patadas, sin ningún sentido ni explicación. Eso, y nada más, es Izo.


Narremos la secuencia de los hechos: primera escena, un hombre explica una medio-historieta oriental, lo que da pie a que se pegue con el primero que pasa. Seguidamente, cae por unos tejados y, obviamente, viaja en el espacio y el tiempo. ¿Para qué? Pues para pegarse con otra gente. Y así durante 128 minutos. Sin explicaciones, sin motivos, sin vergüenza. Sobretodo sin vergüenza.


Vale que Miike sea el actual gurú del cine oriental pero, ¿es eso razón suficiente para que tengamos que tragarnos cualquier bodrio sin sentido que 'dirija'? ¡Si por lo menos llegara al nivel de bodrio!

Los hay que defienden Izo a capa y espada, escudándose en un teórico trasfondo de redención del personaje. Otros dicen que el gag de la escuela salva la película, mientras a mí me parece una estupidez con un diálogo que simplemente "está de moda" y con el coeficiente intelectual de un participante de Gran Hermano.


Felicidades, Takashi. Si lo que querías era tomarnos el pelo, lo conseguiste por completo. O casi, porque viendo lo visto, yo tomé la decisión de deliberadamente dormirme a mitad del metraje, y así al menos pude ahorrarme un trozo.


Sergi

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