MAREBITO
 

   Un fotógrafo obsesionado con retratar el miedo (Shinya Tsukamoto) descubre un universo de extrañas criaturas que habitan en el subsuelo de la ciudad de Tokio.
Su experiencia con lo macabro irá más allá cuando decida acoger en su casa a una chica muda y de piel blanca que encuentra vagando en un pasadizo subterráneo...

Así empieza Marebito, nueva película de Takashi Shimizu, el creador de toda la saga de Ju-On (La Maldición).

Lo primero que salta a la vista de esta producción es el formato elegido, ya que la imagen tiene un granulado y colores muy cercanos a lo que sería el video doméstico, alternando este con imágenes que simulan verse a través del visor de la propia cámara, lo que consigue en última instancia que la atmósfera sea realmente opresiva e intranquilizadora.

Así pues, el salto continuo entre la primera persona (vista a través de su cámara) y la tercera (narrada por el propio protagonista) sirve de una manera muy efectiva para conseguir narrar una realidad vista por el propio personaje esquizofrénico que la protagoniza.

En ese sentido, la dirección es excepcional, consiguiendo una narración inquietante y fluida pese a lo lento de su desarrollo, que la acerca a lo que seria un relato costumbrista sino fuera por el ambiente onírico y alucinado que la impregna hasta en sus pasajes más calmos.
Así pues, quizás también por el bajo presupuesto de la producción, la dirección coge la batuta del ritmo y no deja al montaje más protagonismo que el disponer algún que otro mínimo efecto visual, algo en las antípodas de lo que sería toda su saga Ju-On.

En lo relativo a la historia, esta bebe de fuentes tan occidentales como puedan ser Lovecraft (Mounts of Madness) o Blavatsky (citada en el film), pudiéndose encontrar en ella ideas como la creencia de que el planeta Tierra esta hueco y habitado por otra clase de seres adaptados a esas condiciones.
Quizás sea su parte final en donde más se resienta, ya que peca de forzar un poco las situaciones finales en pos de conseguir cerrar la historia circularmente.

En definitiva, una película que puede gustar y sorprender tanto como aburrir y desesperar, todo depende de lo dispuesto que uno esté a entrar en su desasosegante trama...

Por cierto, para los mitómanos siempre existirá la curiosidad de ver como protagonista al inclasificable Shinya Tsukamoto, artífice de obras como A Snake of June o la canónica Tetsuo.
 

Javi-Wan

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