Las Vampiras, de Jesús Franco
 

Sin lugas a dudas este film es uno de los grandes en la filmografía del prolífico e incombustible Jesús Franco, director que pese a ser poco conocido en su país de origen tiene una innumerable horda de fans en países como Estados Unidos, Inglaterra o Japón.

Decir que “el tio Jess” es un auteur es quedarse corto, pues no sólo se formó un estilo propio de narración sino que fundó todo un género cinematográfico, el terror erótico.
En sus films, el voyeurismo, la insinuación y el recreo en el cuerpo femenino (tanto visual como físico) hace de ellos una apuesta mucho más lividinosa que los anglosajones atisbos de sensualidad que ya había mostrado en sus films la productora británica Hammer.

En el caso que nos ocupa, y al igual que en muchos de los films del director, la versión estrenada en su tiempo fue censurada por el aparato franquista, lo que nos privó en su mayor parte de las escenas que daban razón al titulo inglés del film, “Vampyr Lesbos”.
Afortunadame
nte, hace menos de un año la fundación Versión Española sufragó un remontaje de la copia original para poder insertar las escenas cortadas y así estrenar esta copia íntegra en su programa semanal de Televisión Española.
Pues bien, lo que han hecho co
n la copia de Las Vampiras es algo impagable, un trabajo de restauración y ampliación soberbio, un absoluto regalo para el espectador.
Para los seguidores del director y para éste representa un acto de justícia bien merecid
o; para todos los demás, la oportunidad de poder ver la obra tal y como fué concebida, algo a lo que hasta ahora sólo se podía acceder mediante el mercado de importación.

Sobre el film, decir que “Vampyr Lesbos” es una película muy importante, por necesaria,
en la historia del cine (sobretodo en la del español) pues, como ya decía en la presentación del director, esta es la piedra angular de su intento por abrir nuevos caminos en el fanta-terror, abogando por una sexualidad mucho más presente y necesaria para la trama.
Personalmente me parece una obra maravillosamente evocadora y onírica, con un acabado técnico y una estilización muy superiores a las del resto de su filmografía (a excepción de otras obras capitales como El Necronomicón o Gritos en la noche).

Desde un primer momento, en los títulos de crédito, el espectador se mete compl
etamente en un ambiente ensoñador y premeditadamente raro gracias a la fantástica banda sonora compuesta por Siegfried Schwab, un disco que, no en vano, llegó al número uno en las listas de Inglaterra.
Pero claro, no todo es música, y ahí entra en juego la gran selección de actrices que hizo Jess para el film, un reparto en el que la palma se la lleva Soledad Miranda.

Si bien es Eva Stromberg quien interpreta a la protagonista, personaje que acapara el may
or tiempo en pantalla y a través de la cual se nos relata la historia, hay que reconocer que desde el primer momento en que entra en escena la gran Soledad Miranda uno ha de rendirse a la evidencia. Su tez blanca, su mirada profunda, su aparente fragilidad, todo ello nos hace caer en las telarañas de su personaje, obligándonos una y otra vez a suspirar por volver a contemplarla, a dejarnos seducir por su presencia; en definitiva, a dejarnos morder si es preciso.
Ahí radica el mayor acierto del film, pues nunca en una trama vampírica se transmitió tan bien el vínculo existente entre depredador y víctima. En este film el espectador se identifica por completo con el personaje seducido, lo que le hace sentirse invadido por una sensación opresora de atracción e inevitabilidad que le acompañará hasta los últimos compases del film, luchando en el transcurso de los cuales, al igual que la protagonista, por cortar los lazos del citado vínculo, que le llevan invariablemente hacía un estado de absoluta dependencia.
Al final, después de la catársis, llega la calma, aunque una imagen mostrada en los créditos finales, la de una telaraña recia y amenazante, nos hace una inquietante pregunta final, ¿realmente hemos conseguido dejar atrás la necesidad adictiva de seguir revisitando a la condesa?
Los hay que dicen que aún hoy se ven seres errantes en incesante búsqueda por los alrededores de su morada....

Soledad, estés donde estés, pues no hay cielo que baste para acoger un alma tan bella,
gracias por habernos dejado maravillar con tu presencia.
Pues no podremos evitar suspirar por volver a vernos reflejados en tu mirada hechizante y enigmática, una cosa te puedo prometer, nunca te olvidaremos.
 

Javi-Wan

 



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